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EL PUEBLO QUE ROMPIO CON LAS TARAS……con la vanidad, el egoísmo y la displicencia. Una interpelación a la pequeñez o miseria humana. Del drama de Los Muermos, un ejemplo digno y plural


Hay ocasiones y muchas, en que el egoísmo, el avarismo, el “que me importa a mí”, la displicencia flagrante, la inmisericordia, la miseria humana de espíritu, se imponen en un mundo social, más bien con sentido individualista que colectivo.

 

Cuán lejos está de nosotros, el sentido del bien común, mucho menos si la dimensión humana termina por limitar en si mismo y no en si mismo y el semejante.

 

Habrá muchos llamados, pero la caracterización de nuestra sociedad sigue y seguirá siendo la misma, en tanto no seamos capaces de mirarnos internamente y ponernos una mano sincera en el corazón, no aquella acomodaticia para estar bien con EL, o por posar algo que no se siente y es más, se detesta, detentándose en medio de una hipocresía barata de una infinita pequeñez en los más distintos ámbitos de acción.

 

No sólo se trata de dar por dar, para que una corriente hipócrita de generosidad invada nuestras venas y las enfrié producto de tanta falsedad.

 

Se trata de dar con sentido, con la razón expuesta y elocuente, con amor al semejante y con convicción respecto de lo que es realmente la dimensión humana.

 

Tampoco, en ocasiones, sirve el yo te ayudo y tu me ayudas, aunque sea una transacción  fraterna esta acción tiene implícita, en cuando a dimensión humana se refiere, un perfil mercantil. Distinto es si es parte de un acuerdo por algún fin loable y enriquecedor mutuo, entre pares o de fin colectivo.

 

No, la realidad diaria y casi masiva es diferente. Son unos pocos, una silenciosa minoría anónima que nos demuestra el verdadero sentido de lo fraterno, de la solidaridad, una legión de hombres y mujeres que no dudan en dar, apoyar, no para que les agradezcan, sino que simplemente para servir; ese servicio que no busca ni admite retribución, compensación, incondicionalidad por el favor concedido.

 

Y así sirven, incluso sintiendo que pudo haber sido más.

 

Ayer, una familia de Los Muermos, -recién amanecía-, despertó entre las llamas. El terror y el desconsuelo fueron rápidamente compartidos por los vecinos. La familia Vallejos-Igor lo perdía todo víctima de un incendio arrasador. “Fue sólo un suspiro y todo estaba consumido”, se comentó.

 

Entre las ruinas aparecieron los restos de dos hermanos un hombre y una mujer. Antes, la dueña de casa _Erica Igor- pese a los intentos por ayudar en el salvamento de sus hijos, se tiró por la ventana del segundo piso. Está grave en el Hospital de Puerto Montt.

 

Y aquí viene el contraste inmenso con la caracterización social precedente.

 

Una vez consumado el cruel hecho, comenzó a brotar como un manantial transparente y pleno, la generosidad de los vecinos, no sólo por los cercanos. Fue todo el pueblo que se acercó a entregar su aporte: víveres, ropa, dinero, apoyo, brazos extendidos, corazones abiertos, limpios.

 

Incluso los niños con monedas en sus dedos, en un pueblo donde todos se dan la mano. Dirá usted, pero si éste es un hábito rutinario; sí, pero coincidirá conmigo en que en las grandes ciudades ya ha pasado a ser una siutiquería, o bien, algo innecesario porque sólo hace perder tiempo.

 

Las emisoras, especialmente Radio Acogida, no dudaron en cambiar sus transmisiones e hicieron una verdadera mini Teletón. Incentivaron al pueblo, a su gente en forma permanente, en una actitud loable, sino que el fiel reflejo de la identificación noble de los medios locales con su entorno. ¿Cuánto le importa a medios también locales, pero que son parte de consorcios nacionales el sufrimiento de esta gente, o de cuantos muchos más, allí en Los Muermos o en otros muchos lugares de nuestras regiones?. No sólo es importante la noticia, allí está el negocio, lo que por lo demás es legítimo, pero no una exclusiva forma de vida.

 

Por espacio de 20 años intentamos los periodistas, los medios de comunicación, hacer ver a las administraciones del Estado, sus gobiernos, que era, es y será siempre importante apoyar a los medios solícita, eufemística e in ponderadamente llamados “alternativos”, que se requiere potenciarlos, atenderlos, hacer con ellos el ejercicio de la facilitación, más que –de haber inversión- terminar siendo un gesto de simpatía y bondad para que puedan subsistir. Actitud miope, al menos, de pequeñez cultural en una sociedad moderna y globalizada como se exhibe Chile y sus propios gobiernos. Se entrega uno o dos fondos precarios (aunque ayudan) y con eso arréglatelas Peter, sino tienes pitutos. Las grandes cadenas se llevan más del 70 por ciento de la inversión publicitaria del Estado, otro gigante ejemplo de injusticia en la distribución del ingreso.

Ignorancia, discriminación o simple falta de voluntad política, coherencia…, incluso de principios.

 

En Los Muermos encontramos una real dimensión humana, el verdadero espíritu de solidaridad y fraternidad, de manos férrea y sinceramente unidas, no por costumbre caballeresca, sino porque es parte de la vida, de un sentimiento comunitario, de corazones que palpitan, mirando para el lado.

 
 
    

 



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